Querría hablarte de Dios

[Vorrei parlarti di Dio]
Año: 
2022
Género: 
Público: 
Editorial: 
Palabra
Ciudad: 
Madrid
Año de publicación: 
2022
Páginas: 
140
Valoración moral: 
Género: Pensamiento
Sin inconvenientes.
Requiere conocimientos generales en la materia.
Lectores con formación específica en el tema.
Presenta errores doctrinales de cierta entidad.
El planteamiento general o sus tesis centrales son ambiguos o se oponen a las enseñanzas de la Iglesia.
La obra es incompatible con la doctrina católica.
Calidad literaria: 
Recomendable: 
Transmite valores: 
Contenido sexual: 
Contenido violento: 
Lenguaje vulgar u obsceno: 
Ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia: 
La calificación de las distintas categorías proviene de la opinión de los colaboradores de Delibris

El autor logra en este breve libro comunicar su fe que es un don y una experiencia vivida de forma tan intensa que resulta contagiosa. El arzobispo italiano y conocido teólogo presenta, como dice el subtítulo de la obra, Una propuesta para quien anda en su busca. Quizá la principal riqueza que contiene es hacer comprensible la teología al hombre de hoy. Atrás de las palabras sencillas encierra mucha profundidad, por eso no se puede leer con rapidez, exige detenerse a pensar, a meditar, a contemplar, pues las cartas -la primera parte está escrita con estilo epistolar-, son una síntesis de su pensamiento teológico y de su experiencia pastoral desde una perspectiva bíblica. Bruno Forte nos comparte que cuando comprendió la belleza de la fe cristiana su vida se llenó de significado y de deseos de transmitirla. En la segunda parte intenta responder a las grandes preguntas que le han planteado, especialmente los jóvenes. Utiliza la sabiduría de autores y teólogos contemporáneos, de los padres de la Iglesia, en especial de san Agustín. Es un escrito en el que opta por el diálogo, se coloca en el lugar de los demás con las necesidades que ha detectado.

El camino que sugiere para encontrar la verdad es captar los problemas, examinarlos, hacerles frente junto con los demás, esforzarse por superarlos estando más a la escucha, a la espera y no huir de las dificultades y del sacrificio personal. Cuando se comienza a encontrar, cada uno ha de ser responsable de vivir como un portador de una esperanza viva, de ser un enamorado de la belleza que salvará al mundo. Todas las páginas tienen un único tema que es Dios, Dios con nosotros y para nosotros; nosotros con Dios y para Él. Vivir es buscar a Dios. Vivir verdaderamente es encontrar a Dios. Dios viene a nosotros para proporcionarnos una alegría infinita, si decidimos amarlo y dejarnos amar por Él. Dios experimentó en Cristo nuestro sufrimiento y nuestra muerte para proporcionarnos la felicidad y la vida. 

Dios es amor. Vemos la Trinidad cuando miramos el amor. Vemos el amor si miramos la cruz donde el Padre ofrece al Hijo por nosotros y el Espíritu Santo nos comunica el amor de ambos. La mirada de fe lleva a reconocer a la Iglesia como madre, imagen viva de la comunión del Dios que es Amor, pueblo engendrado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hay en particular cuatro caminos para vivir como discípulos fieles de Jesús: el perdón, la oración, la respuesta a la propia vocación y el amor. El perdón es fuerza liberadora, elección que vence el mal con el bien. Rezando aprendemos a vivir la propia vida como respuesta a la vocación. Esta respuesta se alimentará del amor al que estamos llamados. 

La Biblia no nos presenta tanto la teología del hombre cuanto la antropología de Dios, el modo en que Él nos ve y nos quiere. Al Dios revelado no se le conoce sólo con el esfuerzo de la inteligencia sino cuando se le acoge con confianza con un acto de la mente y del corazón. El hombre está llamado a vivir su vida como éxodo, saliendo de sí hacia el misterio santo que todo lo abraza y lo acoge. La persona humana se realiza en el amor a los demás, no como un dar algo, sino como querer el bien ajeno hasta el extremo de sacrificar el propio. El amor es el juego de la gratuidad y de la gratitud, tomar la iniciativa que supone a la vez un dejarse amar, acogiendo el amor del otro. Establecer relaciones auténticas es realizarse a sí mismo. 

La ética es la manifestación de la experiencia del encuentro con Dios que transforma a fondo el corazón. El hombre cuanto más se deja amar por Dios cuanto más siente la necesidad de manifestar este amor con obras y detalles que sean conformes a su voluntad. Ya no es la ética de la ley, sino la del don y el amor. El cristiano no reza a un Dios sino que reza en Dios, yendo al Padre por Cristo en el Espíritu. La oración es el acto de la total entrega y remisión de uno mismo en las manos de Dios.  Lo que cuenta no es tener respuestas sino ponerse a disposición de Dios para que sea Él quien nos hable, cuando y como quiera. Rezando crecerá la pasión por la unidad del cuerpo de Cristo y de toda la familia humana. Rezando se advierte la urgencia de llevar el Evangelio a todos. 

La Trinidad del Dios-Amor se muestra como el sentido último y pleno de la vida de la persona y de la historia del mundo. La belleza que salva el mundo es el amor que sufre y sabe estar junto al que sufre. La fe cristiana es un evento de belleza, la belleza del Crucificado-Amor. Corresponder a la fascinación de la belleza divina significa realizarse a sí mismo y trabajar para que el universo alcance el fin para el que fue creado. Creer es reconocer que estamos acunados en el regazo de Dios, llamados a confiar en su amor con el mismo abandono con que un niño descansa en los brazos de su madre. La rendición incondicional al Señor es lo que nos hace felices. Hay que pedir a Dios que nos lleve a experimentar su amor cada día de modo más profundo, hermoso y atractivo. Recomiendo ampliamente su lectura y meditación.

Autor: Marcela Navarro Hernández, México
Fecha de actualización: Ene 2023