
Seymour Baumgartner es un académico de Princeton, profesor universitario, tierno y cariñoso, que está entrando en la ancianidad. Hace diez años que es viudo, tras fallecer su adorada esposa Anna en un accidente en el mar. Ahora, con setenta y dos años, continúa tratando de vivir en ausencia de su mujer, con la que habla a menudo y con la que también sueña. Acontecimientos recientes le llevan a repasar, de la mano de algunos escritos propios y otros que encuentra en el despacho de su esposa (que se mantiene intacto, tal cual lo dejó ella), lo que fue su vida en común, cómo se conocieron, cómo llegaron a ser quienes fueron, y en general los diversos episodios que se sucedieron durante su matrimonio.
El americano Paul Auster, Premio Princesa de Asturias de las Letras de 2006, en la que casi con toda seguridad será la última novela (ha informado que sufre una grave enfermedad y que se retira de la vida pública y de la actividad literaria), nos ofrece un personaje antológico, el anciano y mermado Baumgartner, con un corazón de oro y profundamente enamorado de su esposa. La evocación de su pasado en común emociona, aunque a veces es algo zafio al exponer detalles (pocos) de la vida sexual de la pareja. Al pobre Sy (así le llaman sus amigos) le rompen el corazón varias veces, pero remonta siempre decidido, y hace amigos inverosímiles (la persona que acude a su vivienda a comprobar el registro de la luz, por ejemplo).
Una novela estupenda, a la que le falta sentido de trascendencia y le sobra a veces grosería al hablar de las relaciones de pareja. Pero son pocas ocasiones aisladas.